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Dharma, "La Cacería" una tarde donde el rock costarricense volvió a Chepe

Artículo y Fotografías por: Erick Fariñas Torres Fotonomada



Hay domingos en San José que parecen escritos por la lluvia. Tardes grises, calles húmedas y una ciudad que, a primera vista, podría sentirse en pausa. Pero también hay escenas que no se detienen, bandas que siguen empujando desde lo independiente y espacios que recuerdan que el rock costarricense todavía tiene mucho que decir.


Así se vivió Dharma, "La Cacería", un concierto de seis bandas realizado en Stereo Caníbal, en San José, que en su tercera edición reunió distintas formas de entender el rock, el metal y las sonoridades alternativas nacionales. Desde las 3:30 p. m., el recinto comenzó a recibir a un público diverso, con personas de distintas edades, desde niños hasta adultos mayores, en una jornada que fue creciendo en intensidad conforme avanzaba la tarde.



La apertura estuvo a cargo de The Skarlatas, banda alajuelense que llegó con una descarga directa de rock alternativo, energía cruda y una actitud que conectó bien con el arranque del evento. Su presentación funcionó como una primera chispa: guitarras con carácter, presencia escénica y una propuesta que abrió el camino para una tarde pensada desde la distorsión, la identidad y la escena.


Después llegó Juníperos, agrupación conformada por integrantes del occidente costarricense. Su sonido aportó un matiz distinto al concierto, con una propuesta más cercana al rock alternativo y al hard rock, marcada por fuerza, melodía y una energía que ayudó a levantar aún más el ambiente dentro del recinto. Para ese momento, Stereo Caníbal ya empezaba a calentarse: el público crecía, la cercanía con el escenario se sentía más viva y La Cacería comenzaba a tomar forma como una verdadera reunión de comunidad.



La tercera banda en subir al escenario fue Needle Jar, una de las presentaciones más contundentes de la jornada. Con una puesta en escena sólida y un sonido más denso, áspero y cercano al grunge, la banda logró uno de los momentos más intensos del día. Hubo potencia, control y una vibra más “tarro” que puso a varios a mover la cabeza. Fue una de esas presentaciones que no solo se escuchan: se quedan resonando después. Para quien no los tenía en el radar, Needle Jar dejó razones suficientes para buscarlos y sumarlos a la lista de reproducción.


Tras esta primera mitad, la organización abrió un espacio para reconocer a personas influyentes dentro del medio artístico. El gesto fue breve, pero significativo. En una escena que muchas veces se sostiene desde el esfuerzo independiente, reconocer a quienes documentan, producen, apoyan, gestionan y mantienen vivos estos espacios también forma parte del concierto. La música no ocurre sola: necesita comunidad, memoria y personas dispuestas a seguir abriendo camino.



La segunda parte inició con That One Time, banda que llevó el ambiente hacia un terreno más oscuro y pesado. Su propuesta, cercana al dark metal, marcó un cambio de atmósfera dentro del evento y le dio un nuevo peso a la jornada. Después de un primer bloque más orientado hacia el rock alternativo y el grunge, That One Time aportó densidad, intensidad y una energía más sombría, preparando el terreno para el cierre más pesado de La Cacería.


Luego fue el turno de Salt, que volvió a encender el recinto con una descarga cargada de fuerza. Su sonido llenó el espacio con riffs pesados, presencia y una actitud que conectó con la energía acumulada del público. Fue uno de los momentos en que el concierto recuperó ese pulso físico propio del metal: cuerpos moviéndose, cabezas siguiendo el ritmo y una sensación clara de que la segunda mitad venía con más peso.


El cierre estuvo a cargo de Amäth, banda que asumió la responsabilidad de despedir la jornada con una presentación cargada de energía. Su paso por el escenario mantuvo vivo el impulso del evento hasta el final, con una entrega que permitió concluir La Cacería de buena manera. Después de varias horas de música, el público todavía respondía, y eso habla tanto del cartel como de la conexión que se generó durante la tarde.



En términos generales, Dharma, "La Cacería" fue una jornada bien lograda. Reunió bandas emergentes y proyectos con mayor recorrido, abrió espacio para distintas generaciones de público y confirmó que la escena alternativa costarricense sigue teniendo fuerza cuando encuentra condiciones para sonar. También dejó claro que hay una audiencia dispuesta a apoyar estos encuentros, incluso en medio de un domingo lluvioso en San José.


Como punto a mejorar, solo tenemos que mencionar que el evento presentó un retraso en su inicio. También vale destacar el papel de Stereo Caníbal como sede. El espacio respondió muy bien a las necesidades del evento, con sonido e iluminación adecuados para este tipo de conciertos. En una escena donde no siempre se cuenta con recintos preparados para recibir propuestas de rock y metal con buena calidad técnica, Stereo Caníbal aportó una base importante para que la experiencia se sintiera sólida.


La Cacería no fue solo un concierto de seis bandas. Fue una muestra de escena. Una tarde donde el rock alajuelense, el sonido del occidente, el grunge, el dark metal, el metal y el hard rock compartieron un mismo espacio para recordarnos que la música costarricense sigue viva, activa y buscando nuevas formas de encontrarse con su público.


Ojalá Dharma continúe impulsando este tipo de eventos. La escena necesita más plataformas así: espacios donde las bandas puedan sonar fuerte, donde el público pueda descubrir nuevos proyectos y donde la música independiente costarricense siga diciendo presente en medio de Chepe.

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