El infinito mundo de José Capmany: 25 años sin el padre del rock costarricense
- Kátheryn

- hace 60 minutos
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Hay artistas que componen canciones de amor, de desamor o de protesta; y luego están los creadores de mundos. A un cuarto de siglo de la trágica partida de José Capmany, Costa Rica demuestra que el legado de su máximo icono del rock no se archiva en vitrinas polvorientas ni se limita a una fría cronología. José no solo dejó un puñado de himnos generacionales; dejó personajes, atmósferas y un universo habitado por la genialidad, el humor y la vanguardia.
Con motivo del 25 aniversario de su fallecimiento, Ernesto Aducci (quien nos dió un tour guiado) y Florisabel Fernández curadora de la exhibición, decidieron romper el molde de los homenajes tradicionales y crearon "Mundo de Colores", un viaje inmersivo por la mente del artista, dividiendo su mitología en cuatro habitaciones temáticas:
1. El Maletón: El enigma cotidiano
La primera parada nos introduce en la intimidad de sus historias. Aquí se exhiben piezas de un valor histórico casi místico para los fanáticos, como la pala real con la que Capmany cavó un hueco en Tarbaca el día que se le perdió "la galeta", y la mismísima galeta, recuperada años más tarde. Zapatos colgando recuerdan la comercialización de este icónico personaje, mientras se proyecta un video inédito de José rescatado de archivos en los Estados Unidos, una joya audiovisual de los años 80 que nunca antes había visto la luz.
2. La Modelo: Neón, corduroy y bambú
El viaje continúa hacia 1984. En una explosión de color, el espacio recrea la atmósfera de uno de sus éxitos más rotundos. La habitación evoca a esa mujer de enaguas de corduroy, medias de neón y aretes de bambú. Precisamente, se exhiben los aretes originales, adquiridos en su época por 49.65 colones, que hoy costarían 27000 colones en la Plaza de la Cultura. Las paredes están decoradas con las portadas de la revista Perfil de los años 80, mostrando a figuras de la época como una joven Maribel Guardia con apenas 20 años.
"¡Zaa!" — El icónico grito de guerra que José inmortalizó en sus conciertos y chivos resuena en las paredes, rodeado de su discografía original completa en formatos que van desde el cassette hasta el vinilo.
3. El Barco y Los Pollitos: La poesía del papel
El tercer cuadrante rinde tributo a "El Barco", con una imponente estructura de papel creada por Fernández. El gran atractivo de esta sala es el manuscrito original, de puño y letra de Capmany, de la letra de la canción, así como un dibujo de un barco trazado por él en 1978. Justo al lado, se conecta con el área de "Los Pollitos", el espacio que celebra el primer lugar en que los pollitos dijeron gloria en la historia.
4. Mundo de Color: Las reliquias del guerrero
La última sección alberga los objetos más sagrados del músico. Entre ellos destaca:
Sus emblemáticos pantalones de los conciertos y la boina que llevaba puesta el día de su fatal accidente automovilístico (la cual aún conserva un par de gotas de sangre en su interior).
La púa con la que tocó su último concierto.
El premio otorgado por la revista Vuelta en U a Canciones Cotidianas, considerado el mejor disco en la historia del rock nacional.
"La Muchacha": Su legendaria guitarra acústica. Cuenta la historia que José la vio en un teatro y se enamoró de ella; tras insistir durante seis meses, logró comprarla por 500 colones. Con ella compuso, grabó y tocó en el Auditorio Nacional el disco Canciones Cotidianas.
Una colección de rosarios que José le traía de regalo a su esposa cada vez que regresaba de una gira larga.
El rock de José Capmany era performance, era humor, era creación pura. A 25 años de su silencio, esta exposición demuestra que no ha muerto; simplemente se mudó de forma definitiva a ese mundo de color que él mismo construyó para nosotros.
Florisabel Fernández: "Queríamos que la gente caminara dentro de las canciones de José"
Aprovechando la inauguración de la muestra, conversamos con la curadora Florisabel Fernández, la mente detrás de la atmósfera emocional que da vida a este homenaje.
Para Fernández, el principal reto era no caer en la frialdad de un museo clásico. José Capmany era dinamismo, humor, juego. Ella, junto con Ernesto Adduci, conversaron mucho con la familia Capmany Castro y entendieron que lo correcto era construir su universo de ficción. Querían que el público no solo viera los objetos que él usó, sino que literalmente caminara dentro de las canciones de José. Transformar las letras de temas como La Modelo o Maletón en espacios tangibles y tridimensionales fue la clave para que las nuevas generaciones conecten con su genialidad de la misma manera en que lo hicieron quienes lo vieron en vivo.
Para la escena nacional significa que la honestidad y la autenticidad no tienen fecha de caducidad. Al final del recorrido, la gente no solo se lleva un souvenir o el vinilo Capmany: A todo color; se lleva la certeza de que el rock nacional tiene raíces profundas. José era un ser humano tan auténtico que nos sigue recordando la importancia de exaltar nuestras características únicas. Esta exposición es un recordatorio de que su artista interno sigue gritando ¡Zaa! en el corazón de Costa Rica.
Para complementar tu lectura y sumergirte aún más en la atmósfera del evento, puedes ver esta Presentación en vivo de Mundo de Colores, un registro que captura la música y la energía que rodea este importante homenaje.










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