NiKoV y el martirio de ver demasiado
- Diana

- 3 sept
- 2 Min. de lectura

En una escena musical cada vez más domesticada por algoritmos y corrección estética, NiKoV irrumpe como un personaje incómodo, visceral y necesario. Desde Francia, este artista enmascarado, “el hombre de dos caras” no canta para agradar, sino para exorcizar. Su tema “Martyr a vu” es una inmersión brutal en el dolor, la lucidez y la rabia de quien ha visto demasiado y ha decidido no mirar hacia otro lado.
NiKoV no es una banda en el sentido tradicional. Es una entidad artística que mezcla música, performance y literatura confesional. Su biografía es casi mitológica: un neurotico crónico, medicado, que escribe como quien se abre el pecho con una cuchilla. Su proyecto, descrito como una “autopsia premortem”, se mueve entre el punk filosófico, el rock industrial y la poesía maldita.
Con letras que rechazan la hipocresía social y riffs que sangran, NiKoV se posiciona como un “Santo del Mal”, un heredero de Milton que prefiere reinar en su propio infierno antes que servir en el cielo de la complacencia.
El título ya es una declaración: “El mártir ha visto”. No es el mártir que sufre en silencio, sino el que ha sido testigo de una verdad insoportable. La canción comienza con una atmósfera densa, casi claustrofóbica. Las guitarras distorsionadas no acompañan: atacan. La voz de NiKoV, entre el grito y el susurro, se siente como un manifiesto escrito en sangre.
“Martyr a vu” no busca redención, busca confrontación. Es ideal para oyentes que no temen mirar al abismo y escuchar lo que este tiene que decir.
La producción es cruda, deliberadamente áspera. No hay pulido digital, sino textura emocional. Cada compás parece diseñado para incomodar, para sacudir, para despertar.
NiKoV ofrece algo que la música contemporánea ha olvidado: peligro. “Martyr a vu” no es una canción para todos, pero es una canción que muchos necesitan. En tiempos de anestesia emocional, esta pieza es una descarga eléctrica que recuerda que sentir, aunque duela, es estar vivo.
Para quienes disfrutan descubrir artistas que no se ajustan a moldes, que escriben desde el borde y que transforman su dolor en arte, NiKoV es una experiencia que no se olvida. No se trata de si te gusta, sino de si te atreves.










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