Drunken Jipis y la intensidad de “Barro”
- Diana

- hace 3 horas
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Hay proyectos que nacen en los márgenes y, precisamente por eso, logran una fuerza distinta. Drunken Jipis, colectivo de artistas independientes producido y dirigido por Santiago Falconi (Mohtro), se ha convertido en una voz singular dentro de la escena musical de Argentina y Ecuador. Su propuesta mezcla rock, electrónica y experimentación, pero lo que realmente los distingue es la manera en que entienden el arte: no como adorno, sino como un acto que atraviesa, que incomoda, que transforma.
El tema Barro es un manifiesto de esa visión. Desde sus primeras líneas, la canción se adentra en un terreno poético y visceral, donde el silencio no es vacío, sino un espacio que obliga a habitarlo. La letra cuestiona la justicia, la rabia, la pasividad y la rutina, invitando a atar cabos en lugar de miedos, a sentir el duende como condición para vivir el arte de verdad. Es un texto que se mueve entre la denuncia y la introspección, con imágenes que sacuden: “Si fuimos barro somos perdón, si somos agua somos acción”.
Musicalmente, Barro se sostiene en una tensión constante. Los elementos electrónicos se entrelazan con guitarras y texturas rockeras, creando un paisaje sonoro que refleja la crudeza de las palabras. No es un tema que busque complacer, sino provocar. Esa incomodidad es parte de su poder: escuchar Barro es enfrentarse a preguntas que no tienen respuestas fáciles, es sentir que la música puede ser un espejo incómodo pero necesario.
Drunken Jipis se mueve en el terreno del arte subterráneo, con colaboradores que provienen de distintas disciplinas y escenas. Su primer EP ya dejó claro que las periferias pueden ser tan innovadoras como los centros, y Barro confirma que su propuesta no se detiene en la experimentación sonora, sino que se expande hacia lo filosófico y lo social.
Para quienes disfrutan descubrir música nueva y auténtica, Drunken Jipis ofrece una experiencia que va más allá de lo musical. Es un proyecto que invita a cuestionar, a sentir, a aceptar que el arte verdadero no se acomoda, sino que desarma. Barro es una pieza que encarna esa intensidad, un recordatorio de que la música puede ser barro y agua, perdón y acción, incomodidad y belleza al mismo tiempo.










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